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La construcción de identidades, sujetos e instituciones en el mundo de las artes

LA CUESTIÓN DEL EXTRANJERO EN “LOS RÍOS PROFUNDOS” DE JOSÉ MARÍA
ARGUEDAS
Leticia Alle
Este artículo analiza Los Ríos Profundos de José María Arguedas a partir de la figura del extranjero. Se propone una hipótesis de lectura basada en la idea según la cual Ernesto, el protagonista de la novela, se encuentra atravesado por una doble condición de extranjería. De un lado, la del sujeto migrante que viaja por el Perú y que se basa en una noción de extranjería que está determinada por una frontera externa que indica la no pertenencia a un determinado grupo. Por el otro lado, una condición de extranjería que es de orden interno y que convierte al protagonista, más que en un extranjero, en un ‘extraño’ frente al grupo social al cual pertenece.
I. INTRODUCCIÓN
Este artículo analiza Los ríos profundos, de José María Arguedas, a la luz de la figura del extranjero. La figura del extranjero es una figura compleja en sí misma. En tanto portadora de sentidos diversos, es capaz de provocar tanto adhesiones como fuertes rechazos, de condensar toda la fascinación y toda la aversión que despierta la alteridad. La novela narra la historia de Ernesto, un niño de catorce años que se encuentra desgarrado por una doble pertenencia identitaria que lo arraiga a dos mundos hostiles en el escenario de los Andes peruanos: el mundo indio y el mundo de los blancos. Dos mundos en conflicto y que ni siquiera en su propia persona pueden coexistir sin dolor.
A lo largo del relato, Ernesto será el protagonista de la violencia que genera -tanto hacia el exterior como hacia el interior- el choque de dos culturas, dos razas, dos clases sociales y que lo convierten en un niño aturdido por la convivencia de estos clivajes. El mundo de lo humano deviene para él en una aporía y esta situación lo ubica en una condición de exiliado permanente, en un ‘personaje de frontera’ (Rama, 2007) que se encuentra a medio camino En este sentido, el artículo propone una hipótesis de lectura de la novela de Arguedas basada en la idea según la cual Ernesto se encuentra atravesado por una doble condición extranjería. De un lado, la del sujeto migrante, la del niño que viaja por el Perú debido a la profesión de su padre: “Mi padre no pudo encontrar nunca un lugar donde fijar su residencia, fue un abogado de provincias, inestable y errante” (Arguedas, 1986: 37), y que se encuentra principalmente desarrol ada en los primeros tres capítulos de la novela. Esta idea de extranjería, está determinada por una frontera externa que indica la no pertenencia a un determinado grupo. 1 Lic. en Ciencia Política (UBA) - Becaria Doctoral de Conicet, UBA - IIGG. Sus temas de interés están relacionados con las políticas migratorias de Argentina y los discursos estatales sobre las migraciones.
Esto es, que si bien hay diferentes experiencias de extranjeridad, que abarcan el registro de lo religioso, lo cultural o lo político, el extranjero se constituye como no perteneciente a un grupo Sin embargo, el protagonista de la novela se encuentra asimismo acechado por otro tipo de extranjería, que es de orden interno y que lo convierte, más que en un extranjero, en un ‘extraño’ en su propio cuerpo y frente al grupo social al cual pertenece. Si bien podemos encontrar a lo largo de toda la novela elementos que den cuenta de el o, será a partir del fin de su peregrinaje, cuando se establece en Abancay e ingresa como pupilo en el Colegio, que esta faceta aparecerá más desplegada. Es en ese momento cuando comenzarán a acentuarse “esos días de confusión y desasosiego” que dan cuenta de lo extraño que habita en su propia Es por el o que analizaremos Los ríos profundos a partir de la noción de extranjería, puesto que la figura del extranjero nos permite pensar el distanciamiento y la diferencia cultural, pero no sólo en el sentido de aquel que viene de otro lugar -el que es extraño o diferente en una sociedad o una cultura que no son las propias-, sino también vinculada con lo extraño, lo desconocido o lo diferente que acecha dentro de cada sujeto (Kristeva, 1991). Por último, la noción de extranjero nos permitirá analizar las relaciones en las cuales a lo largo de la novela se constituyen diferencias y diferentes, otros y nosotros. En tal sentido, nos proponemos una mirada que focalice en la construcción y significación de las diferencias, en la reproducción y conformación de identidades, y en la manera en que los personajes de Los ríos profundos clasifican, se clasifican y son clasificados. Veremos entonces cómo estos procesos, lejos de ser unívocos y claros, a menudo se despliegan de manera simultánea y contradictoria. II. LA FIGURA DEL EXTRANJERO
Desde una perspectiva sociológica, la diferencia entre ‘el os’ y ‘nosotros’ traza una distinción entre estar dentro de un grupo y estar fuera de un grupo. Estas dos actitudes opuestas son inseparables: no puede haber sentimiento de pertenencia sin sentimiento de exclusión, y viceversa (Bauman, 1996). Es el antagonismo lo que define a ambos lados de la oposición. Cada uno extrae su propia identidad del hecho mismo de que lo vemos comprometido en un antagonismo con el lado opuesto. Así, lo foráneo, lo que está fuera, es precisamente esa posición imaginaria que el grupo necesita para tener identidad, cohesión, solidaridad interna y seguridad emocional. El extranjero, una de las figuras típicas de la alteridad/exterioridad cumple entonces un papel fundamental en la constitución de un ‘nosotros’, ilumina los hilos de la trama identitaria que se logra mediante la diferencia.
En esta dirección, si nos interrogamos acerca de lo que significa ser extranjero, l ama la atención el hecho de que nos resulta imposible pensar positivamente en su figura. Por el contrario, ésta se define por lo que no es, se hal a asociada a algún grupo o comunidad a la que no pertenece. Aquel o que constituye al extranjero no son pues los rasgos naturales, sino que, por el contrario, son determinaciones políticas, históricas, las que constituyen la extranjeridad del extranjero, a partir de la cual se destacan sus aspectos amenazantes. Si esto es así, el pasaje a la condición de extranjero arrojado en su alteridad y fijado en su diferencia responde a una operación propiamente política.
En su Excurso sobre el extranjero, Simmel sostiene que el extranjero es por definición una figura ambigua y móvil en la cual convergen la vinculación y la no vinculación a un espacio determinado. El extranjero, dirá, “es el que viene hoy, y se queda mañana”. Es el que no tiene aseguradas ni una partida ni una permanencia en el lugar; y es justamente su carácter de extranjero lo que lo define en un determinado círculo espacial. Los conceptos de proximidad y alejamiento adquieren en esta visión espacial de las relaciones sociales una unión particular: “la distancia, dentro de la relación, significa que el próximo está lejano, pero el ser extranjero significa que el lejano está próximo” (Simmel, 1986: 716-7). El extranjero es entonces el que se encuentra en el horizonte espacial de un grupo social dado, que es parte del grupo, pero se integra a éste mediante su exclusión.
Pero Simmel también menciona otro tipo de extranjería, que la entiende en términos negativos, y en la cual se niega al otro las cualidades que se sienten como propiamente humanas: “nuestra relación con él es una no-relación. Ya no es un miembro del grupo” (Simmel, 1986: Ahondando sobre la línea de Simmel, Beck distingue entre las categorías de ‘extraño’ y ‘extranjero’. Mientras que este último se encuentra determinado por fronteras externas, el ‘extraño’ se define por las fronteras internas de un grupo determinado: siendo del grupo se encuentra excluido de sus categorías. El ‘extraño’ entonces se caracteriza por resistirse a la categorización social, atentando contra el conjunto de relaciones sociales que establece las diferencias y las distancias: “el extraño es una refutación viviente de los perfiles aparentemente claros y de los principios naturales por los que se definen las pertenencias e identidades” Siguiendo la categorización de Schmitt en relación a la formulación del principio ‘amigo- enemigo’, Bauman sostiene que son los amigos los que definen a los enemigos y la apariencia de simetrías es el poder asimétrico de definir. Son los amigos los que controlan la asignación y la clasificación (Bauman, 1996). Sin embargo, la particularidad del ‘extraño’ es que aparece como un tercer elemento que destruye la armonía dual del mundo. El ‘extraño’, como categoría inclasificable, escapa al juego de antinomias que se proponen para la comprensión del mundo social. El ‘extraño’, como la figura de la ambivalencia, representa lo incomprensible en todo grupo social. A diferencia del extranjero que es fácilmente clasificable a partir de oposiciones del tipo nativo/extranjero, el ‘extraño’ se presenta sin antónimo; lo inaceptable de éste es que perteneciendo al grupo, no pertenece. Con su presencia no sólo no ratifica sino que atenta contra los sistemas clasificatorios binarios sobre los que se asienta el mundo humano La necesidad social de categorizar l eva finalmente a forzar la clasificación de todos aquel os que se encuentran por fuera de las fronteras. No en vano Bauman sostiene que los ‘extraños’ corren serios peligros ya que la incertidumbre que el os ponen al descubierto busca siempre ser En El Extranjero de Camus, podemos entrever el proceso que l eva a una determinada persona a convertirse en un ‘extraño’, en aquel que atenta contra el conjunto de categorías de un grupo social. En desmedro del grupo de categorías que lo colocarían, socialmente, entre el bien y el mal, el señor Mersault se resiste a actuar según los códigos socialmente establecidos, aduciendo como principal motivo de sus acciones tener calor. Ahora bien, si consideramos que nadie puede aducir calor para una serie de acciones en las cuales se atenta contra importantes rituales sociales (el entierro de una madre, la institución del matrimonio, el asesinato y finalmente el juicio), el señor Mersault se vuelve un extraño en su grupo. El o resume la amenaza real que representan para la sociedad aquel as personas que, perteneciendo, se colocan por fuera y enfrente de el a.
En lo que sigue analizaremos Los ríos profundos a la luz de las nociones desarrol adas para, de este modo, observar cómo operan las clasificaciones que construyen ‘otros’ y ‘nosotros’ a lo largo de la novela, entendiendo que toda clasificación, así como las operaciones que la subyacen, es una puesta en estructura que introduce un orden en el universo. III. ERNESTO: UN PERSONAJE DE FRONTERA
Como hemos planteado en la introducción, Ernesto, el protagonista de la novela, se encuentra sometido a una condición de doble extranjería que lo convierte, al mismo tiempo, en un ‘extranjero’ y en un ‘extraño’. Ahora bien, resulta necesario aclarar que ambos procesos –el que lo constituye como ‘extranjero’ y el que lo conforma como un ‘extraño’- si bien pueden distinguirse en la novela con fines analíticos, se encuentran relacionados en tanto que es el primero el que vuelve explícito al segundo. Afirmábamos más arriba que los términos ‘el os’ y ‘nosotros’ no representan sólo dos grupos separados, sino la distinción entre dos grupos muy diferentes. El grupo es el lugar en el que uno se siente a gusto y al que se regresa con un sentimiento de alivio. ‘El os’, contrariamente, representan un grupo al que no se quiere ni se puede pertenecer. Estos procesos por los cuales se construyen ‘otros’ y ‘nosotros’ en Los ríos profundos, lejos de ser lineales y evidentes, se despliegan de manera simultánea y contradictoria. En este sentido, la doble pertenencia identitaria que coloca a Ernesto entre dos mundos hostiles –el mundo de los indios y el mundo de los blancos- deja su huel a en las percepciones que el niño tendrá de esos dos universos en constante tensión. El o se deja entrever nítidamente en la concepción que el niño tiene del Director del Colegio, el Padre Linares: “Las mujeres lo adoraban, los niños y los hombres creían que era un santo, y ante los indios de las haciendas l egaba como una aparición. Yo lo confundía en mis sueños, lo veía como un pez de cola ondulante y ramosa, persiguiendo a los pececil os que viven protegidos por las yerbas acuáticas; pero otras veces me parecía don Pedro Maywa, el indio que más quise, abrazándome contra su pecho al borde de los grandes maizales” (Arguedas, 1986: 34).
Ambos mundos se superponen a lo largo de la novela y crean un clima de confusión y soledad en Ernesto, pero que lo acarrean, en última instancia, a establecer lazos de solidaridad con los indios (“Me criaron los indios; otros, más hombres que éstos”). El o le brinda seguridad y colorea la actitud de Ernesto hacia el mundo de los indio Este lazo de solidaridad se ve reflejado en diferentes momentos de la novela: sus paseos por el barrio de Huanupata (“Sólo un barrio alegre había en la ciudad: Huanupata (…) Iba a las chicherías por oír música, y a recordar (…) Podía permanecer horas al í. Porque el val e cálido y el aire ardiente de los otros barrios, me eran hostiles”), o más tarde, cuando participa del motín de las chicheras, la construcción de un vínculo amistoso con Palacitos (“Era el único alumno del Colegio que procedía de un ayllu de indios. “El ‘indio Palacitos’ como le decían los soberbios y los enemigos”) y su actitud de compasión frente a la muerte de la opa Marcelina.
Ahora bien, lejanía y proximidad, dijimos, alcanzan en la visión que Simmel tiene del extranjero, una unión particular: la presencia del extranjero significa que el lejano está próximo. El o adquiere en la novela rasgos peculiares. De un lado, lo lejano y lo cercano –el mundo blanco y el mundo indio- son representados en el libro como espacialmente delimitados. La disposición geográfica de Abancay sugiere que los indios se encuentran ubicados en las haciendas y que no conviven espacialmente con los blancos (“Abancay está cercado por haciendas”). Esta delimitación espacial también se ve reflejada en la descripción del barrio de Huanupata: “Al í vivían las vendedoras del mercado, los peones y cargadores, los gendarmes, los empleados de comercio y los viajeros mestizos. Era el único barrio donde había chicherías. Los indios y los cholos las miraban con libertad (…) Yo iba a las chicherías a oír cantar y a buscar a los indios de hacienda. Pero nunca los encontré. Cuando me convencí que los colonos no l egaban al Pero por otro lado, esta clara definición de las fronteras externas que delimitan el ‘adentro’ y el ‘afuera’ se subvierte en otros momentos de la novela. La l egada de Palacitos al Colegio (“El interno más humilde del Colegio (que) había venido de una aldea cordil erana”), da cuenta de esta cercanía de lo lejano de la que nos habla Simmel. Opera así en la novela un corrimiento de las fronteras del borde al centro del espacio creando mecanismos de exclusión en la De este modo, todas estas separaciones entre ‘otros’ y ‘nosotros’ que se dan en la novela y que se reflejan hacia el ‘exterior’ calan hondo en la conciencia de Ernesto y lo convierten en un ‘extraño’. Esa dualidad de mundos termina por configurar al protagonista en un sujeto 2 Bauman sostiene que tanto los sentimientos de solidaridad, la confianza mutua, así como la construcción de un ‘vínculo común’ son los ideales que tiñen las actitudes hacia los grupos.
3 En su artículo “Fronteras del mundo, fronteras de la política”, Balibar nos l ama la atención sobre la paradoja del movimiento de las fronteras del “borde” al “centro” del espacio público, como por ejemplo, la reproducción de las “fronteras étnicas” al interior de las grandes ciudades.
escindido, dando cuenta que la alteridad no siempre se ubica por fuera de uno mismo, sino que también lo ‘extraño’ puede operar dentro de cada sujeto.
Su condición de niño a medio camino entre dos culturas es muy bien retratada en la novela. Así Ernesto se vuelve, en cierto sentido, un desadaptado, un sujeto difícil de clasificar, como el protagonista de la novela de Camus. Cuando ingresa como pupilo al Colegio y tan pronto como descubre su condición de exiliado, sabe que no puede retornar al ayllu. No se siente parte de los niños del Colegio, pero sabe que tampoco es indio: “Estaba rodeado de niños de mi edad, pero el dormitorio era más temible y desolado que el val e profundo donde una vez quedé abandonado (…) Lo que sentía durante aquel as noches del internado era espanto, no como si hubiera vuelto a caer en aquel val e triste y aislado, sino en un abismo hiel, cada vez más hondo y extenso” (Arguedas, 1986: 49).
Esta ambivalente operación de clasificación se da asimismo en los ‘otros’ que construyen a Ernesto como un ser ‘extraño’ y difícilmente clasificable, un niño que, perteneciendo al grupo, se ubica por fuera de él: “¡Eres un indiecito aunque pareces blanco! ¡Un indiecito, no más!”. Estos procesos de extrañamiento lo desorientan y lo vuelven refractario a los ‘otros’ y a todo lo que forme parte del universo de esos ‘otros’, incluso su fe, el Dios de los ‘otros’ (“El rostro de El mundo deviene para él esencialmente absurdo, de al í su fetichismo con objetos como el zumbayl u. En el mundo de los ‘otros’ todo parece contaminado: “Eran como los monstruos que aparecen en mis pesadil as. Ningún pensamiento, ningún recuerdo podía l egar al aislamiento mortal en que durante ese tiempo me separaba del mundo”. Por eso, cuando podía, Ernesto salía del Colegio en busca del río, así se borraban de su mente los malos recuerdos y volvía al pueblo “renovado y vuelto a mi ser” (Arguedas, 1986: 101) Los ríos profundos es, desde el comienzo, una novela sustentada por la antítesis. Desde el principio del relato encontramos oposiciones, como sucede con el choque que se produce entre el Ernesto y el Viejo o, poco después, con la dialéctica entre “aquel pueblo de niños asesinos de pájaros” (Arguedas, 1986: 11) y el niño y su padre. Pero, como hemos planteado en la introducción, será en Abancay donde se exacerbará el enfrentamiento de visiones del En Abancay, “cuando empezaba a descubrir su infierno, cuando el odio y la desolación empezaban a aturdirme de nuevo” (Arguedas, 1986: 32), Ernesto encuentra dos armas que le brindan amparo: el refugio interior, la ensoñación y la naturaleza (Vargas Llosa, en Arguedas, 1986: 10). Pero en el libro el orden natural no se dispone como contrario al orden humano, sino más bien, la naturaleza aparece humanizada. De al í, que el paisaje andino cobre un papel primordial en la novela y l eve a Ernesto a sustituir un mundo por otro. Como plantea Vargas Llosa, la naturaleza adquiere propiedades no sólo humanas sino también divinas, que colindan Rama también nos advierte sobre el sentido integrador de vida humana y hábitat, de cultura y naturaleza, esto es, la captación íntegra y armónica de un ambiente. Todos los elementos de la naturaleza: los ríos, las montañas, los árboles, los animales, no se presentan escindidos de la especie humana, sino relacionados con el a, acompañándolo en la edificación de la cultura: “Lo confiesa el niño en Los ríos profundos “¡yo que sentía tan mío aún lo lejano! ¡Yo que no podía pensar, cuando veía por primera vez una hilera de sauces hermosos, vibrando a la oril a de una acequia, que esos árboles eran ajenos! Los ríos siempre fueron míos, los arbustos que crecen en las faldas de las montañas” (Rama, 2007:187).
Esta extraña convergencia entre el orden humano y el natural, y que opera hacia el interior de Ernesto, le acarrea tal confusión que por momentos ni él mismo logra determinar cuál de los dos mundos le despierta más fascinación “El puente fue construido por los españoles (…) Yo no sabía si amaba más al puente o al río. Pero ambos despejaban mi alma, la inundaban de fortaleza y de heroicos sueños” (Arguedas, 1986: 50).
Ernesto se va constituyendo así, en un sujeto dislocado, escindido entre un pasado en el que fue feliz y un presente que lo atormenta. En este punto resulta interesante señalar la categoría literaria de ‘sujeto migrante’ que Cornejo Polar desarrol a para dar cuenta de un proceso por el cual el sujeto va conformando un mundo descentrado, múltiple, que traduce una biculturalidad con elementos que, si bien son antagónicos, no se resuelven sintéticament Esta categoría refleja muy bien la situación de doble extranjería que, como hemos afirmado, caracteriza a El crítico peruano, si bien centra su estudio en los desplazamientos del campo a la ciudad, considera que este sujeto surgido del fenómeno de las migraciones, permitiría leer esos elementos de la literatura latinoamericana que están definidos por su radical heterogeneidad. El ‘sujeto migrante’ del que habla Cornejo Polar es ante todo, y como resultado del acto de migrar, internamente heterogéneo. El ‘sujeto migrante’ es distinto que el sujeto viajero, que observa y presenta el mundo sin interiorizar los debates ni asumir los nuevos ejes culturales como recurso de su vida. El ‘sujeto migrante’ es el sujeto heterogéneo por excelencia: “el sujeto migrante se conforma internamente como heterogéneo, como resultado del acto de migrar, ya que la necesidad lo hace fagocitar culturas y lenguas, sin diluir sus diferencias y problemas, sino acentuándolas” (Cornejo Polar, 1995: 73). El migrante andino, el que Cornejo Polar examina en Los ríos profundos, está caracterizado por el desarraigo y por la memoria, está instalado en dos mundos de cierta manera antagónicos (oral/escrito, novela/canción, moderno/antiguo, urbano/rural) desde los que habla duplicando la índole misma de su condición de sujeto escindido, para emitir un discurso descentrado. Ernesto es, pues, un sujeto inestable, oscilante y plural que internaliza la En la novela el o se manifiesta por una constante operación de Ernesto de rescate del pasado, una suerte de recuperación de un tiempo edénico: un paraíso perdido que Ernesto es capaz de 4 Cornejo Polar opone la categoría de sujeto migrante a la de mestizaje cultural, en cuanto aquél no busca una síntesis armónica. Así, el mestizaje nunca puede ser armónico en la medida en la que siempre hay un ceder poder de la cultura dominada a la dominante.
recuperar y de relacionarlo con el presente. Este doble movimiento l eva a pensar, como bien plantea Cornejo Polar, que la novela se articula en torno a dos ejes: de un lado, el afán integrador consistente en la restauración del pasado, y de otro, la realidad presente de un mundo desintegrado que se manifiesta en una serie de oposiciones que construyen diferencias y diferentes y que se establecen a lo largo de la novela. Ernesto es entonces un sujeto heterogéneo –y doblemente extranjero- no sólo porque va acumulando experiencias colectivas propias de su peregrinaje por el Perú, momento que se ve reflejado nítidamente cuando Ernesto ingresa al Cuzco y se encuentra por primera vez con los muros incaicos; sino también, y sobre todo, porque él incorpora la heterogeneidad de mundos y asume una doble presencia: aquí y al á, ahora y antes, pero que se manifiestan de manera descentrada y conflictiva, y que por tanto, lo convierten en un ‘extraño’. “El sujeto fuerte y centrado, y en cierto modo autoritario, en nada dispuesto a fisurar su identidad, que más bien parece querer preservarla como garantía de su propia existencia (…) entra en crisis y, también, como es claro, su sólido discurso monológico. Ahora es –casi- todo lo contrario. Sujeto y discurso se pluralizan agudamente y la novela como tal se transforma en un espacio donde uno y otro pierden sus identidades seguras y definidas, y comparten, no sin conflicto, una semiosis socializada y oscilante” (Cornejo Polar, 1995: 67) En este sentido, el desplazamiento migratorio que vive Ernesto multiplica el territorio del sujeto y lo condena a hablar desde más de un lugar, es un discurso múltiplemente situado. El sujeto migrante no se dispone simplemente a sintetizar las distintas estancias de su itinerario, pero tampoco puede mantenerlas sin comunicación entre sí. El migrante encuentra lugares desiguales desde los cuales hablar porque son los lugares de sus diversas experiencias Si bien como plantea Rama, Ernesto es un ‘personaje de frontera’, que se encuentra desgarrado entre dos hemisferios, que a nivel individual oscilan entre la infancia y la pubertad; a nivel social, entre el mundo blanco y el de los indios, su papel no puede definirse como pasivo. Y aunque su acción no modifica los sucesos reales, participa emocional e intelectualmente de los acontecimientos cultivando una ‘percepción de lo diferente’ y buscando interpretar todo lo que sucede: “una interpretación que es, en definitiva, la interpretación de sí mismo que busca oscuramente” (2007: 328).
IV. CONSIDERACIONES FINALES
Este trabajo nos propusimos analizar Los ríos profundos a partir de la noción de ‘extranjero’, puesto que el a refleja una de las figuras más claras de la alteridad. Asimismo, dimos cuenta de la condición de doble extranjería por la que se encuentra atravesado Ernesto, el protagonista de la novela. Una doble condición de extranjero que es resultado, por un lado, del acto mismo de migrar; pero por otro –y no sólo como consecuencia de la experiencia migratoria- está relacionada con lo extraño y lo diferente que acecha dentro de cada sujeto.
En tal sentido, ese otro lado que conforma nuestra propia identidad nos habla del extranjero que extrañamente nos habita: “él es la cara oculta de nuestra identidad, el espacio que arruina nuestra permanencia, el tiempo donde se abisman el acuerdo y la simpatía. De reconocerlo en nosotros, no nos perdonamos detestarlo en él mismo” (Freud, en Kristeva, 2002: 14). En el acto de revelar a ese otro extraño que me habita en aquel o que revela la salida de mi propia identidad, en ese retorno crítico sobre lo que creo ser yo mismo, aprendo a cavar en mí mismo una propia separación, una zanja identitaria y a considerarme a mí mismo como otro, para evocar a Ricoeur. La puesta en cuestión de sí mismo es una cuestión interminable, que no desembocará jamás en una identidad. El personaje de Ernesto descubre él mismo esa extranjeridad irreconciliable, esa soledad y el nudo del exilio porque sabe de la pervivencia de otro en sí, ineludible, que lo apela y lo interpela incesantemente. El o explica, en parte, su operación persistente de rescate del pasado, y la memoria se vuelve así, una obsesión. Los ríos profundos bien puede ser leída como una novela que refleja el proceso de construcción de identidades en América Latina, el a nos da indicios de los mecanismos de poder y dominación por los cuales se construyen diferencias y diferentes. El o puesto que, como hemos dicho, son determinaciones de orden político las que construyen la extranjeridad del extranjero, a partir de la cual se recrean y acentúan sus aspectos amenazantes.
Estos procesos, como hemos visto, no son lineales y unívocos, sino que son significados permanentemente. Si las identidades no pueden ser concebidas de un modo esencialista, esto es, como algo ya dado de una vez y para siempre -puesto que lo que delimita las fronteras identitarias no es algo fijo e inmanente- las identidades sociales se resignifican constantemente. El as mismas son una superficie de inscripción, siempre escindidas y dislocadas. De acuerdo a este carácter dinámico que les es inherente, quizás resulte más adecuado hablar entonces de procesos de identificación.
En América Latina en general, y en el mundo andino en particular, el o reviste rasgos peculiares. Ese sujeto ‘migrante’ del que nos hablaba Cornejo Polar -figura de la heterogeneidad por excelencia- no es un concepto vacío, sino anclado en la sociedad y en la historia, tanto como en la cultura. Se trata de un ‘universo heterogéneo’ que es aplicable al mundo andino, entendido como una realidad dividida y desintegrada, marcada por relaciones de dominación que se derivan del desigual desarrol o de sus espacios sociales. El concepto de ‘heterogeneidad’ refiere a los procesos históricos que subyacen a las diferencias sociales, económicas, culturales y también literarias de Latinoamérica. La novela Los ríos profundos, en tanto literatura heterogénea, si bien no expresa una realidad histórica, ni sociológica, ni etnológica, da cuenta de esa multiplicidad y es asimismo su reflejo. Y el o puesto que, en definitiva, hay heterogeneidad discursiva siempre que se produzca un encuentro con la heterogeneidad que rompa con la univocidad de la representación o, dicho de otro modo, porque existe heterogeneidad en el mundo. V. BIBLIOGRAFÍA
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Source: http://www.revistalindes.org.ar/numeros_anteriores/numero_4/articulos/leticia%20allega.pdf

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